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| Posible representación de Hipatia de Alejandría en el fresco La escuela de Atenas, de Rafael Sanzio. |
Hipatia ha pasado a la historia popular como el icono del pensamiento pagano frente al cristianismo y de la ciencia frente a la superstición. La imagen de su muerte, presentada como orquestada por la Iglesia católica, fue reiterada y dramatizada por novelistas e historiadores como Edward Gibbon. Incluso Voltaire, Bertrand Russell y Carl Sagan reprodujeron una versión que se aleja considerablemente de lo que las fuentes antiguas permiten reconstruir. Lo que se ha repetido durante siglos no es más que una leyenda consolidada.
La leyenda
Según la versión más difundida, la creciente Iglesia cristiana consolidaba su poder e intentaba extirpar la influencia y la cultura paganas. Hipatia se encontraba en el epicentro de estas fuerzas. Cirilo, arzobispo de Alejandría, la despreciaba por su estrecha amistad con el gobernador romano y porque personificaba la cultura y la ciencia, que la Iglesia primitiva identificaba en gran medida con el paganismo. A pesar del riesgo, ella continuó enseñando y publicando hasta que, en el año 415, cuando se dirigía a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas y su nombre olvidado.
«La creciente iglesia cristiana estaba consolidando su poder e intentando extirpar la influencia y la cultura paganas. Hipatia estaba sobre el epicentro de estas poderosas fuerzas sociales. Cirilo, el arzobispo de Alejandría, la despreciaba por la estrecha amistad que ella mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y ciencia, que la Iglesia primitiva identificaba en gran parte con el paganismo. A pesar del grave riesgo que ello suponía, continuó enseñando y publicando, hasta que en el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado.»— Carl Sagan, serie Cosmos, capítulo 13
En la película Ágora (2009) la exageración es todavía mayor: una turba de cristianos arrasa con toda la civilización y la cultura antigua, trayendo la decadencia y el horror. Hipatia, presentada erróneamente como «directora de la Biblioteca de Alejandría», aparece como mártir de la ciencia y de la libertad de pensamiento frente a la estrechez mental de los cristianos.
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| Representación imaginaria del asalto contra Hipatia por Louis Figuier, en Vies des savants illustres (1866) |
La investigación histórica
La historiadora María Dzielska, catedrática de Historia Antigua en Cracovia, publicó una biografía exhaustiva y documentada (Hipatia de Alejandría, Madrid, Siruela, 2009) en la que confronta las fuentes antiguas con las leyendas posteriores. Dzielska señala que la versión más trillada —una filósofa pagana, joven y hermosa, despedazada en 415 por monjes o por cristianos en general— no se basa en las fuentes antiguas, sino en una larga tradición literaria e historiográfica. La mayoría de estas obras presentan a Hipatia como víctima inocente del naciente fanatismo cristiano y su asesinato como señal de la desaparición, junto con los dioses griegos, de la libertad de investigación.
¿Qué se sabe realmente más allá del mito?
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| Hipatia según el pintor checo-alemán Alfred Seifert en 1888 |
Sí es cierto que en el año 391, por orden del emperador Teodosio, se destruyó lo que quedaba del templo del Serapeo, donde Diocleciano había erigido su gran columna. La destrucción de este templo por parte de los cristianos tenía una motivación clara: era el símbolo del poder del emperador que los había perseguido con crueldad y de la religiosidad pagana.
Hipatia no era una pagana activa. Simpatizaba con el cristianismo y protegía a sus estudiantes cristianos. De hecho, dos de sus discípulos llegaron a ser importantes obispos de la Iglesia. Su muerte no tuvo que ver con la ciencia ni con la filosofía en sí mismas, sino que fue una de las tantas víctimas de las querellas políticas que enfrentaron en Egipto, durante el siglo V, al prefecto romano Orestes y al patriarca Cirilo. Este último no estuvo involucrado de manera directa en el asesinato. Muchos de los que apoyaban a Cirilo participaron en la difusión de rumores contra Hipatia, precisamente porque era una mujer influyente y cercana a Orestes. La horda que terminó cruelmente con su vida pertenecía a una de las corrientes fanáticas que también asesinaron a algunos obispos. No se puede negar que quienes mataron a Hipatia eran cristianos, pero tampoco se puede afirmar la existencia de un complot eclesiástico al estilo de las novelas de Dan Brown.
Ni la religión pagana, ni la filosofía griega, ni las ciencias desaparecieron con la muerte de Hipatia. Los mayores desarrollos de la escuela de Alejandría se alcanzaron a comienzos del siglo VI. Tampoco murió joven: tenía alrededor de sesenta años.
Los orígenes de la leyenda negra
Aunque la atribución directa del crimen a Cirilo la realizó el escritor pagano Damascio en su Vida de Isidoro a comienzos del siglo VI, el primero que escribió sobre el asesinato fue Sócrates Escolástico en el siglo V. Este letrado servía al patriarca de Constantinopla, Néstorio, enemigo de Cirilo de Alejandría. Siglos más tarde surgiría la leyenda negra completa en los escritos del deísta John Toland (1720). Toland, que había sido católico irlandés, se hizo protestante y terminó militando en la masonería dentro de la Gran Logia de Londres. Escribió:
«Hipatia, o la historia de una de las damas más hermosas, virtuosas, cultas y distinguidas en todos los aspectos; que fue despedazada por el clero de Alejandría para satisfacer el orgullo, la envidia y la crueldad de su arzobispo, común pero inmerecidamente llamado san Cirilo.»
Voltaire completó el cuadro afirmando que se trató de «un asesinato bestial perpetrado por los sabuesos tonsurados de Cirilo, con una banda de fanáticos a sus espaldas». Escritores británicos como Edward Gibbon y Charles Kingsley consolidaron la misma versión. Bertrand Russell, en su Historia del pensamiento occidental, llegó a decir, refiriéndose al patriarca Cirilo, que «el motivo principal de su fama es el linchamiento de Hipatia».
Lo que podemos saber
Según la rigurosa investigación de María Dzielska, Hipatia nació alrededor del año 355 d.C. y murió en 415, a unos sesenta años de edad. Su padre, Teón, miembro del Museo, fue un escritor y filósofo cuya erudición —y la de su hija— se basaba en los eminentes predecesores alejandrinos, matemáticos y astrónomos. La filosofía constituyó uno de los grandes intereses de Hipatia.
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| Sinesio de Cirene (370-414) |
Las clases privadas de Hipatia y sus conferencias públicas incluían también matemáticas y astronomía, disciplinas que preparaban la inteligencia para la especulación en niveles epistemológicos más elevados. Poseía gran autoridad moral. Todas las fuentes concuerdan en que fue un modelo de valor ético, rectitud, veracidad, dedicación cívica y proezas intelectuales. La virtud más admirada por sus contemporáneos era su autodominio (sofrosine), que coloreaba tanto su conducta como sus cualidades más íntimas. Se manifestaba en la abstinencia sexual (permaneció virgen hasta el final de su vida), la modestia en el vestir (el manto filosófico), la moderación en el modo de vida y una actitud prudente con sus alumnos y con los poderosos.
La muerte de Hipatia y su contexto político
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Hipatia, representada por el pintor inglés Charles W. Mitchell en 1885. |
El forcejeo entre el patriarca y el prefecto en materia de poder político y de la influencia de la Iglesia sobre los asuntos seculares terminó con la muerte de la filósofa. Personas al servicio de Cirilo la despedazaron. Se trató de un asesinato político provocado por conflictos que venían de antiguo. Mediante este acto criminal se eliminó a una poderosa partidaria de Orestes. El propio Orestes no sólo renunció a la lucha contra el patriarca, sino que abandonó Alejandría para siempre. La facción eclesiástica paralizó a sus oponentes por el miedo y pacificó la ciudad; sólo los concejales trataron —con escasos resultados— de intervenir ante el emperador.
La muerte de Hipatia no estuvo relacionada con la política antipagana emprendida por Cirilo y su iglesia en aquel momento. En cualquier caso, habría sido difícil atacarla o perseguirla en razón de su paganismo, porque, a diferencia de otros filósofos de la época, no era una pagana activa ni devota. No cultivaba la filosofía teúrgica neoplatónica, no visitaba templos ni se oponía a que se convirtieran en iglesias cristianas. De hecho, simpatizaba con el cristianismo y protegía a sus alumnos cristianos. Gracias a su tolerancia y a su extraordinario conocimiento de las cuestiones metafísicas, los ayudaba a alcanzar la integridad espiritual y religiosa. Dos de sus alumnos fueron consagrados obispos. Los paganos y los cristianos que estudiaban con ella se reunían en un clima de amistad. Durante el gobierno de Teófilo, el predecesor de Cirilo, la Iglesia no dificultó sus actividades en la ciudad, en reconocimiento a sus ideas y a su posición. En consecuencia, los seguidores de Cirilo, privados de la oportunidad de atacarla esgrimiendo su paganismo, tuvieron que acusarla de brujería y de magia negra.
No podemos, por lo tanto, unirnos a quienes lloran a Hipatia como «la última de los helenos» o mantienen que su muerte supone la desaparición de la ciencia y la filosofía alejandrinas. La religiosidad pagana no expiró con Hipatia, como tampoco lo hicieron las matemáticas ni la filosofía griegas. La escuela alejandrina logró sus mayores éxitos a finales del siglo V y comienzos del VI.
Principales aportes matemáticos
Hipatia no parece haber realizado descubrimientos matemáticos originales revolucionarios. La época era de declive en la investigación creativa en el mundo grecorromano. Destacó, en cambio, como excelente editora, comentarista, compiladora y maestra. Su trabajo preservó y hizo accesibles textos fundamentales de álgebra, geometría y astronomía matemática. Fue la matemática más destacada de su tiempo en el mundo grecorromano. Su muerte en 415 se considera simbólicamente el fin de la gran tradición matemática alejandrina iniciada con Euclides, aunque en realidad esa tradición continuó.
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| Hipatia junto a su padre, el matemático y astrónomo Teón de Alejandría, quien fue el último director de la Biblioteca de Alejandría |
- Comentario a la Arithmetica de Diofanto. La Arithmetica de Diofanto (siglo III d.C.) se considera una obra fundacional del álgebra. Hipatia comentó y amplió esta colección de problemas de ecuaciones algebraicas, tanto determinadas como indeterminadas, con soluciones enteras o racionales. Incluyó nuevos problemas, soluciones alternativas y verificaciones detalladas. Algunos estudiosos, como Paul Tannery, sugieren que partes de los manuscritos griegos o árabes que han sobrevivido pueden derivar de su comentario o de material interpolado por ella. Su trabajo ayudó a mostrar que la aritmética va más allá del simple cálculo y facilitó la conservación de la obra.
- Comentario a las Cónicas de Apolonio de Perga. Apolonio de Perga (siglo III a.C.) había escrito un tratado avanzado sobre las secciones cónicas: circunferencia, elipse, parábola e hipérbola. Hipatia realizó un tratado o comentario de carácter divulgativo y pedagógico sobre esta obra. Aunque el texto se ha perdido, se considera que facilitó el acceso a esta geometría compleja, que más tarde influiría de manera decisiva en la geometría analítica y en la astronomía de los siglos posteriores.
- Colaboración con su padre Teón.
- Participó en la revisión y edición de los Elementos de Euclides. La versión de Teón —con probable colaboración de Hipatia— se convirtió en la base de casi todas las ediciones posteriores hasta la Edad Moderna. Simplificó dificultades que podían encontrar los estudiantes y realizó pequeñas adiciones orientadas a la claridad pedagógica.
- Editó o revisó el comentario de Teón al Libro III del Almagesto (Syntaxis Mathematica) de Claudio Ptolomeo. El propio Teón lo indica de forma explícita: «edición controlada por la filósofa Hipatia, mi hija».
- Contribuyó al Canon Astronómico (o tablas astronómicas), posiblemente una revisión o mejora de las Tablas Prácticas (Handy Tables) de Ptolomeo, con cálculos actualizados de los movimientos celestes.
Se le atribuye también el conocimiento práctico de instrumentos como el astrolabio plano (utilizado para la cartografía celeste) y el hidroscopio o aerómetro (para medir densidades), aunque no los inventó. Algunos autores han especulado sobre posibles ediciones de textos de Arquímedes, pero la evidencia es más débil.
Los excesivos reduccionismos ideológicos nos llevan a contar la historia sin matices, sin tener en cuenta el contexto ni a tomar conciencia de nuestros propios prejuicios. Ir a las fuentes para conocer mejor el pasado y comprender su complejidad exige honestidad intelectual y el deseo de saber: abrirse a repensar lo ya pensado, no para confirmar las propias convicciones, sino para pensar con mayor amplitud. La tentación fundamentalista —tanto desde ámbitos creyentes como desde posturas cientificistas— constituye un gran obstáculo para comprender que la historia es mucho más compleja que nuestras rápidas y cómodas simplificaciones.
Hipatia fue una maestra de excepcional prestigio moral e intelectual, hija y colaboradora de Teón de Alejandría. Su muerte fue un asesinato político en el marco de las luchas de poder entre el prefecto Orestes y el patriarca Cirilo, no el final de la ciencia ni de la filosofía antiguas. Reconocer esta complejidad no disminuye su figura; al contrario, permite situarla con mayor justicia en su tiempo y valorar con rigor tanto su labor docente como su contribución a la transmisión del saber matemático y filosófico. El matemático e historiador de la ciencia Michael Deakin escribió:
"Su legado intelectual se sostiene sobre tres pilares: su capacidad para sintetizar las matemáticas griegas complejas, su labor docente inspiradora y su férrea defensa de la racionalidad científica frente al oscurantismo."



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