lunes, 21 de septiembre de 2026

La Inducción completa o el efecto dominó en las matemáticas

La historia de la inducción matemática o inducción completa es la evolución de una intuición lógica —análoga al efecto dominó— hasta convertirse en una de las herramientas de demostración más rigurosas de la ciencia. Aunque el nombre sugiere una inferencia «inductiva», en realidad es un razonamiento deductivo que permite demostrar proposiciones para infinitos números enteros.

En su estructura moderna, el principio se basa en dos pasos fundamentales para demostrar que una propiedad \( \mathcal{P}(n) \) es cierta para todo número natural \( n \):

  1. Caso base o inicio de inducción: Probar que la afirmación es verdadera para el primer valor (habitualmente \( n=0 \) o \( n=1 \)).
  2. Paso inductivo o relación de inducción: Asumir que la afirmación es cierta para un número \( n=k \) arbitrario (Hipótesis de inducción) y demostrar que, bajo esa suposición, la afirmación también debe ser cierta para \( n=k+1 \) (Tesis de inducción o tesis inductiva).

Ejemplos

1.- Un ejemplo gráfico de aplicación de este principio, el lector lo puede encontrar en la entrada de este blog llamada La Torre de Hanoi y el fin del mundo.

 
 

2.- El problema del cocinero perezoso (también conocido como el problema de las líneas en el plano o los números perezosos del pastelero) plantea lo siguiente: 

\(\mathcal{P}(n)\): El número máximo de trozos en los que se puede cortar una tortilla de patatas (pizza o pastel) mediante \(n\) cortes rectos es \( T(n) =\frac{n(n+1)}{2}+1\).

 La siguiente imagen nos muestra lo que sucede al experimentar con los primeros cortes:

Inicio de inducción. Para \( n=0 \) se tiene que \( T(0) =1\) lo que coincide con toda la tortilla cuando no se ha realizado ningún corte.

Relación de inducción. 

  • Asumimos que la fórmula es correcta para un número arbitrario de cortes \( k \ge 0 \). Es decir, suponemos cierto que: \( T(k) = \frac{k(k + 1)}{2} + 1\) (Hipótesis Inductiva).
  •  Debemos demostrar que, al añadir el corte número \( k + 1 \), el total de piezas \( p_{k+1} \) cumple la misma fórmula sustituyendo \( n \) por \( k + 1 \). Es decir, \( T(k+1) = \frac{(k + 1)(k + 2)}{2} + 1 \).

    Notemos que, al realizar el corte número \(k + 1\), para maximizar el número de trozos, la nueva recta debe cruzar a las \(k \) rectas anteriores en puntos distintos. Por tanto, al cortar $k$ rectas, la nueva línea recta queda dividida en \(k + 1\) segmentos (los tramos interiores entre cruces más los dos extremos). Cada uno de esos \(k + 1\) segmentos atraviesa una trozo existente y la divide en dos partes, añadiendo exactamente 1 trozo nuevo por segmento. Por lo tanto, la relación de recurrencia es: \( T(k+1) = T(k) + k+1 \).

    Utilizando la hipótesis inductiva en la relación de recurrencia anterior se tiene que: \[T(k+1) = T(k) + k+1= \frac{k(k + 1)}{2}+k+2= \frac{k(k + 1)+2(k+1)}{2}+1=\frac{(k + 1)(k + 2)}{2} + 1, \] tal como debíamos demostrar.

3.- Caso base o inicio de inducción es necesario. Si suprimimos el caso base o inicio de inducción podemos llegar a conclusiones erróneas, como en el siguiente ejemplo:

Queremos probar la proposición \( \mathcal{P}(n) \), la cual afirma que \( n = n + 1 \) para todo número natural \( n \).

Si suprimimos el caso base, por hipótesis de inducción tenemos que para \( n=k \) se cumple que \( k=k+1 \). Entonces debemos demostrar que \( \mathcal{P}(k+1) \) es cierta. Sumamos \( 1 \) a ambos lados de la igualdad de la hipótesis y obtenemos \( k + 1 = (k + 1) + 1 \). Dado que hemos llegado exactamente a la estructura \( \mathcal{P}(k+1) \), el paso inductivo es algebraicamente irreprochable: si la propiedad se cumpliera para \( k \), obligatoriamente se cumpliría para \( k+1 \). Pero no hemos comprobado un caso base (\( n = 1 \)) y, obviamente, si intentamos verificar si \( 1 = 1 + 1 \), vemos que \( 1 = 2 \) es totalmente falso.

4.- La relación de inducción es necesaria. La inducción incompleta (o inducción empírica) es un tipo de razonamiento inductivo en el cual se extrae una conclusión general a partir de la observación empírica de solo una muestra de casos donde se cumple la propiedad \( \mathcal{P}(n) \). Si queremos probar que dicha propiedad se cumple para todo número natural \( n \) y obviamos el paso inductivo, podemos llegar a una conclusión errónea, como en el siguiente ejemplo debido al célebre matemático suizo Leonhard Euler:

Al evaluar el polinomio \( p(n) = n^2 + n + 41 \) para los primeros 40 enteros no negativos (\( 0 \le n \le 39 \)), obtenemos: \( p(0) = 41 \), \( p(1) = 43 \), \( p(2) = 47 \), \( p(3) = 53 \), \( \dots \), \( p(39) = 1601 \). Mediante esta observación empírica, en todos los 40 casos observados \( p(n) \) es un número primo, y esto pudiera llevarnos a afirmar que para todo número natural \( n \), el valor \( p(n) \) es un número primo. Sin embargo, al no haber realizado la demostración formal mediante el paso inductivo, la afirmación falla para \( n = 40 \), ya que \( p(40) = 1681 = 41^2 \), es decir, \( p(40) \) no es un número primo.

Destaquemos que los dos últimos ejemplos muestran que no podemos prescindir de niguno de los dos pasos con los que consta el principio de inducción, ambos son necesarios. 

 Antecedentes

El primer ejemplo, debidamente documentado, de aplicación implícita del principio de inducción lo encontramos en el Libro IX de los Elementos de Euclides que data del Siglo IV a.C.(en particular, en la famosa Proposición 20), Euclides demostró que hay más números primos que cualquier cantidad dada de números primos (lo que hoy resumimos como «existen infinitos números primos»).

Aunque no utilizó la inducción matemática formal, ni la notación algebraica moderna —ya que las matemáticas griegas eran fundamentalmente geométricas y visuales—, su razonamiento sigue una estructura recursiva e implícita paso a paso que anticipó el pensamiento inductivo.Euclides no intentó demostrar la infinitud hablando del «infinito» directamente (un concepto que los griegos evitaban), sino que demostró un procedimiento que siempre puede dar un paso más.

El razonamiento de Euclides, en versión moderna, es como a continuación:

  1. Supongamos que existen \(n\) números  primos, donde \(n \in \mathbf{N}\) es fijo. Denotemos dicha lista de números pr1mos como \(\{p_1,p_2, \dots,p_n\}\).
  2. Ahora construyamos el número \(p_*=1+\prod_{k=1}^n p_k\). Notemos que \(p_*\) no es divisible por ninguno de los número primos que se encuentran en la lista, por tanto \(p_*\) es un número primo diferente de todos los que aparecen en la lista, lo que contradice nuestro supuesto de que solo existían \(n\) número primos.

En resumen, la demostración de Euclides se considera un antecesor del principio de inducción debido a que:

  •  Es un algoritmo constructivo: Euclides no solo afirma que existe otro primo, sino que muestra el mecanismo lógico exacto para encontrarlo a partir de cualquier lista dada.
  • Carácter "Paso a Paso" (Mecanismo generador): El argumento demuestra que, dado cualquier número entero \(n\) de primos, siempre es posible generar al menos el primo \(n+1\). Al poder repetirse el proceso de manera indefinida, la lista nunca se agota.

Mucho más tarde, en el mundo islámico, el matemático Al-Karaji (aproximadamente por el año 1000) aplicó una forma primitiva de paso inductivo para demostrar la fórmula del binomio y la suma de cubos enteros. Lo que hizo Al-Karaji fue en lugar de demostrar una propiedad para un número general \(k\) y dar el salto al caso \(k+1\), utilizó un razonamiento escalonado: Demostraba la regla para \(n=1\), luego el caso \(n=2\) basándose en el resultado obtenido para \(n=1\)luego el caso \(n=3\) basándose en \(n=2\), y así sucesivamente para varios números (por ejemplo, hasta el 5 o 10). Al observar que el patrón se repetía de manera idéntica, añadía una frase que significaba "y así sucesivamente hasta el infinito", generalizando la regla.

En resumen, aunque le faltaba la formalización rigurosa que se logró siglos después con la abstracción algebraica moderna, Al-Karaji fue el primero en estructurar un argumento de naturaleza inductiva para demostrar patrones numéricos infinitos.

El camino hacia el rigor

  •  Francesco Maurolico y la primera demostración explícita (1575). El sacerdote y matemático siciliano Francesco Maurolico publicó Arithmeticorum libri duo. En esta obra demostró explícitamente que la suma de los primeros \(n\) números impares es igual a \(n^2\), estableciendo primero el caso base y demostrando formalmente que si la propiedad se cumple para un número, se cumple para el siguiente.
  • Blaise Pascal y el Triángulo Aritmético (1654). Pascal formalizó y popularizó el método en su Traité du triangle arithmétique. Pascal utilizó el principio explícitamente para demostrar las propiedades de los coeficientes binomiales, reconociendo el patrón dual: probar la verdad del primer caso y demostrar que la verdad de un caso implica la del siguiente.
  • Adopción del nombre 'Inducción' en 1838. Aunque Jacob Bernoulli y De Moivre contribuyeron a su desarrollo en los siglos XVII y XVIII, fue Augustus De Morgan quien acuñó oficialmente el término "Mathematical Induction" en un artículo para la  Penny Cyclopaedia, dándole una identidad clara dentro del análisis matemático.
  •  Axiomatización formal (1889). El matemático italiano Giuseppe Peano incluyó la inducción como uno de sus célebres Axiomas de Peano para construir los números naturales. A partir de este momento, la inducción dejó de ser solo una técnica de demostración para convertirse en la definición axiomática misma del conjunto de los números naturales.

 En definitiva, la inducción matemática es mucho más que un simple formalismo técnico: es el resultado de un fascinante viaje histórico que comenzó con los ingeniosos razonamientos iterativos de pioneros como Euclides y Al-Karaji y que, con el paso del tiempo, evolucionó hasta convertirse en uno de los pilares lógicos que hoy nos permiten tender un puente sólido entre lo particular y lo general, y pasar de lo finito a lo infinito numerable. Comprender su evolución nos recuerda que detrás de cada demostración rigurosa hay siglos de curiosidad, ingenio y esfuerzo humano. Y nos muestra que, con una base sólida y una regla clara, incluso aquello que parece inalcanzable puede llegar a demostrarse. 


 Lecturas complementarias. 


martes, 15 de septiembre de 2026

Googol vs. Googolplex: El origen matemático de Google

Hoy, la palabra Google forma parte de nuestro vocabulario cotidiano. La utilizamos para buscar información, resolver una duda o encontrar prácticamente cualquier cosa en Internet. Lo que quizá no resulte tan conocido es que detrás de este nombre se encuentra una curiosa historia matemática que comienza con un número gigantesco, un matemático y un niño de nueve años.

Ese número es el googol (gúgol en español), que se define como \(10^{100}\), es decir, un 1 seguido de cien ceros. Aunque escribirlo completo no resulta especialmente práctico, desde el punto de vista matemático es un número muy sencillo y por enorme que pueda parecernos, sigue siendo un número finito.

La historia de su nombre se remonta a la década de 1920 y tiene como protagonista al matemático estadounidense Edward Kasner (1878–1955), profesor de la Universidad de Columbia. Kasner estaba interesado en los números extraordinariamente grandes y en la dificultad que tenemos para imaginar cantidades que escapan por completo de nuestra experiencia cotidiana. Según la historia que el propio Kasner difundió, durante un paseo acompañado por su sobrino de nueve años, Milton Sirotta, surgió la cuestión de cómo llamar a un número tan enorme. Kasner decidió preguntarle al niño qué nombre le pondría a un número formado por un 1 seguido de cien ceros. La respuesta fue una palabra aparentemente inventada de la nada: googol. Kasner quedó satisfecho con aquella ocurrencia y decidió adoptar el término. La palabra no tenía ninguna tradición matemática: había nacido de la imaginación de un niño y, sin embargo, estaba a punto de incorporarse al lenguaje de la divulgación matemática.

Pero la conversación no terminó ahí. Kasner preguntó también qué nombre podría darse a un número todavía mayor, definido como \(10^{\text{googol}}=10^{10^{100}}\) y su sobrino propuso otra palabra: googolplex (gúgolplex en español), es decir un googloplex es un uno seguido de un googol de ceros ( \(10^{100}\) ceros).

La historia de estos nombres no quedó reducida a aquella conversación familiar. En 1938, Kasner publicó un artículo titulado New Names in Mathematics, en el que introdujo los términos googol y googolplex. Dos años después, en 1940, publicó junto con James R. Newman el conocido libro Mathematics and the Imagination, que contribuyó a popularizarlos.

El atractivo del googol no reside en alguna propiedad matemática especialmente profunda, sino en la enorme cantidad que representa y en la facilidad con la que puede definirse. Es un buen ejemplo de cómo una expresión muy sencilla puede describir una cantidad que escapa completamente a nuestra intuición. También permite comprender una diferencia fundamental: ser extraordinariamente grande no significa ser infinito.


Podemos comparar, por ejemplo, el googol con algunas estimaciones del número de partículas del universo observable, que se sitúan alrededor de \(10^{80}\), dependiendo de qué partículas se contabilicen y del modelo utilizado. En cualquier caso, como comparación de órdenes de magnitud, tenemos $$ 10^{80} \ll 10^{100} \; \text{ y por tanto } \; {10^{100}}/{10^{80}}=10^{20}. $$ Así que un googol no es solo grande; supera la cantidad de todos los átomos de todo lo que podemos ver en cualquier dirección a lo largo de miles de millones de años luz de espacio.

Pero incluso el googol resulta diminuto frente al googolplex. Pues un googolplex es tan grande que resulta físicamente imposible escribirlo en su forma decimal completa, ya que requeriría más espacio del que existe en todo el universo observable. En efecto, un googolplex es 10 elevado a la potencia de un googol y un googol es un número mayor que la cantidad de átomos en el universo observable. Si intentáramos escribir un cero por cada átomo del universo observable, nos quedaríamos sin átomos antes siquiera de empezar. Sencillamente, no existe suficiente materia física para representar este número de forma escrita.

Y aquí es donde la idea se vuelve aún más interesante, podemos seguir construyendo números cada vez mayores sin necesidad de recurrir al infinito, basta con aumentar los exponentes, utilizar factoriales o construir expresiones como torres de potencias. Por ejemplo el número de Shannon (cantidad de partidas de ajedrez posibles) es igual a \(10^{120}\), obviamente mayor que el googol. Pero en el mundo de las matemáticas, aparecen números que hacen que el googolplex parezca microscópico en demostraciones y teoremas cotidianos. El número de Graham, por ejemplo, es tan astronómicamente mayor que un googolplex que no existe una forma significativa ni siquiera de compararlos; comparado con él, el googolplex prácticamente se reduciría a cero. El universo tiene un límite de tamaño, pero las matemáticas, no. Y esa brecha entre la realidad física y la abstracción pura es una de las cosas más extraordinarias de ser un ser pensante en este cosmos. Hemos creado un lenguaje capaz de describir cosas que nuestro universo no es lo suficientemente grande para contener.

Del googol a Google y del googolplex a Googleplex

La historia podría haber terminado como una curiosa anécdota de la divulgación matemática. Sin embargo, varias décadas después, la palabra googol reapareció en un contexto completamente diferente.

En 1995, Larry Page y Sergey Brin se conocieron en la Universidad de Stanford y comenzaron a trabajar en un proyecto destinado a organizar la enorme cantidad de información que empezaba a acumularse en la World Wide Web. El proyecto recibió inicialmente el nombre de BackRub, pero sus creadores buscaban un nombre que reflejara mejor la magnitud de su propósito.

Googleplex, la sede principal de Google en Mountain View, California
La inspiración llegó precisamente del término matemático googol. De él surgió el nombre Google, una ligera modificación de la palabra que Kasner había introducido décadas antes. La elección resultaba especialmente apropiada para un buscador cuya finalidad era organizar cantidades cada vez mayores de información.

Existe una versión muy difundida según la cual los fundadores pretendían llamar a la empresa Googol, pero que el nombre terminó escribiéndose Google debido a un error al registrarlo. Sin embargo, conviene tomar esta explicación con cierta cautela. La relación con googol está reconocida, pero no es necesario atribuir el origen del nombre exclusivamente a una errata; resulta más prudente hablar de una referencia o juego de palabras con el término matemático.

La conexión tampoco terminó con el nombre de la empresa. La sede principal de Google en Mountain View, California, es conocida como el Googleplex, un nombre que recuerda directamente al googolplex.


Lectura recomendada: El número de Shannon: ¿cuántas partidas de ajedrez son posibles?