¡El infinito! Ninguna otra cuestión ha conmovido tan profundamente el espíritu humano; ninguna otra idea ha estimulado tan fructíferamente su intelecto y, sin embargo, ningún otro concepto necesita tanto ser aclarado.
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| Georg Cantor (1845-1918) |
La idea decisiva consistió en preguntarse cómo comparar el tamaño de dos conjuntos. Cuando los conjuntos son finitos, el procedimiento parece evidente: contamos sus elementos. Pero ¿qué sucede cuando contienen infinitos elementos? No podemos terminar de contarlos uno a uno, de modo que necesitamos otro criterio.
En este artículo adoptaremos la convención de que los números naturales comienzan en \(1\), es decir, \(\mathbb{N}=\{1,2,3,\ldots\}\). Decimos que un conjunto \(A\) tiene cardinal \(n\in\mathbb{N}\), si existe una correspondencia biunívoca entre \(A\) y el conjunto \(\{1,2,\ldots,n\}\). En ese caso, \(A\) tiene exactamente \(n\) elementos. El cardinal de un conjunto finito se denota por \(\operatorname{Card}(A)\) o, de forma equivalente, por \(|A|\). Para los conjuntos infinitos, la misma idea de correspondencia permite comparar sus tamaños sin necesidad de contar sus elementos uno a uno. Esa fue la propuesta de Cantor para comparar dos conjuntos infinitos. Si cada elemento de uno puede emparejarse con uno y solo uno del otro, sin que sobre ningún elemento en ninguno de los dos conjuntos, ambos tienen el mismo cardinal, es decir, el mismo tamaño en sentido matemático. Esta idea, aparentemente sencilla, conduce a una conclusión sorprendente: los números naturales y los números pares positivos tienen el mismo cardinal. Podemos emparejarlos mediante la regla que asigna a cada número natural su doble:
\[ \begin{array}{cccccc} 1 & 2 & 3 & 4 & 5 & \cdots\\ \downarrow & \downarrow & \downarrow & \downarrow & \downarrow & \\ 2 & 4 & 6 & 8 & 10 & \cdots \end{array} \]
Aunque los números pares positivos constituyen una parte propia de los números naturales, ambos conjuntos tienen el mismo tamaño infinito. Denotamos este cardinal por \(\aleph_0\), que se lee «álef cero»; álef es la primera letra del alfabeto hebreo. Este cardinal es el menor de los cardinales infinitos y se denomina también cardinal transfinito.
Cantor llamó numerables a los conjuntos que pueden ponerse en correspondencia biunívoca con los números naturales. Son numerables los números enteros y también los números racionales, es decir, aquellos que pueden expresarse como el cociente de dos enteros, con denominador distinto de cero. Aunque entre dos números racionales distintos siempre existe otro número racional —y, de hecho, existen infinitos—, todos los números racionales pueden organizarse en una lista infinita en la que cada uno aparezca en alguna posición.
Por sorprendente que parezca, esto significa que el conjunto de los números racionales tiene el mismo cardinal que el conjunto de los números naturales: \(\aleph_0\). Por sorprendente que parezca, esto significa que el conjunto de los números racionales tiene el mismo cardinal que el conjunto de los números naturales, es decir, \(\aleph_0\). Este fue uno de los primeros resultados obtenidos por Cantor. A continuación, presentamos una demostración intuitiva de la numerabilidad de los números racionales positivos, basada en una idea de Cantor.
Denotemos por \(\mathbb{Q}_+\) el conjunto de todos los números racionales positivos:\(\mathbb{Q}_+=\left\{\frac{p}{q}:p,q\in\mathbb{N}\right\}\). Para organizar estos números, consideremos la suma \(h=p+q\) y agrupemos las fracciones según el valor de \(h\), escribiendo únicamente aquellas que están irreducibles, es decir, cuyo numerador y denominador no tienen divisores comunes distintos de \(1\).
Para \(h=2\), solo tenemos el número racional \(\frac{1}{1}=1\). Para \(h=3\), obtenemos \(\frac{1}{2}\) y \(\frac{2}{1}=2\). Para \(h=4\), aparecen \(\frac{1}{3}\) y \(\frac{3}{1}=3\), ya que \(\frac{2}{2}=1\) representa un número que ya hemos incluido. Para \(h=5\), obtenemos las fracciones \(\frac{1}{4}\), \(\frac{2}{3}\), \(\frac{3}{2}\) y \(\frac{4}{1}=4\). Para \(h=6\), aparecen \(\frac{1}{5}\), \(\frac{5}{1}=5\) y las fracciones \(\frac{2}{4}\) y \(\frac{4}{2}\) quedan excluidas porque no están irreducibles y representan números ya considerados.
Continuando de este modo, obtenemos una lista en la que aparecen todos los números racionales positivos, sin repetir ninguno. Como cada grupo correspondiente a un valor fijo de \(h\) contiene un número finito de fracciones, podemos recorrer los grupos sucesivamente y asignar a cada racional positivo una posición en la lista. Por tanto, \(\mathbb{Q}_+\) es numerable. El siguiente gráfico ilustra el razonamiento anterior:
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| En la pirámide roja, el número racional p/q está representado por el par ordenado (p,q). La correspondencia biunívoca entre ambas pirámides es obvia. |
El cardinal de los números reales
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| Cantor con \(\approx 25\) años |
El cardinal del conjunto de los números reales se suele denotar por \(\mathfrak{c}\) y viene dado por \(\qquad \mathfrak{c}=|\mathbb{R}|=2^{\aleph_0}.\)
La última igualdad se debe a que el conjunto de los números reales tiene el mismo cardinal que el conjunto de todos los subconjuntos de los números naturales, es decir, el conjunto potencia \(\mathcal{P}(\mathbb{N})\). En efecto, cada subconjunto de \(\mathbb{N}\) puede identificarse con una sucesión infinita de ceros y unos, y el conjunto de estas sucesiones tiene el mismo cardinal que \(\mathbb{R}\). Así, el tamaño de la recta continua queda relacionado con una operación fundamental de la teoría de conjuntos: formar el conjunto de todas las partes de un conjunto dado.
La desigualdad \(\aleph_0 < \mathfrak{c}\) nos obliga a abandonar la idea de que el infinito tiene un único tamaño. Existen conjuntos infinitos de cardinalidades diferentes, y el estudio de estos tamaños constituye uno de los temas fundamentales de la teoría de conjuntos.
Números transfinitos
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| Cantor y su esposa Vally Guttmann en 1874 |
Los cardinales responden a la pregunta «¿cuántos elementos tiene un conjunto?». Los ordinales, en cambio, describen el orden de sus elementos: primero, segundo, tercero y así sucesivamente. En el caso finito, ambas ideas parecen casi inseparables, pero en el infinito muestran propiedades diferentes. El primer cardinal infinito es \(\aleph_0\), el tamaño de los números naturales. Después aparecen otros cardinales infinitos, como \(\aleph_1\), \(\aleph_2\) y, en general, \(\aleph_\alpha\), donde el índice puede ser también un ordinal transfinito.
Los ordinales ofrecen ejemplos especialmente llamativos. El primer ordinal infinito se representa mediante \(\omega\). Después de todos los naturales, podemos considerar un orden que añade un elemento nuevo al final: su tipo de orden es \(\omega+1\). También podemos formar \(\omega+2\), y así sucesivamente.
Estas expresiones no deben confundirse con las operaciones aritméticas habituales. La suma ordinal depende del orden de los elementos y, por ello, no siempre es conmutativa: \( 1+\omega=\omega, \qquad \omega+1>\omega. \)
La diferencia se entiende intuitivamente si pensamos en una sucesión interminable de posiciones. Añadir una posición al principio puede dejar el mismo tipo de orden que antes; añadirla al final produce, en cambio, un orden con un último elemento.
Los números transfinitos no son, por tanto, una curiosidad puramente simbólica. Proporcionan herramientas para estudiar la estructura de los conjuntos infinitos, las sucesiones, los órdenes y los fundamentos de las matemáticas.
La hipótesis del continuo
La existencia de infinitos cardinales cada vez mayores se explica mediante un resultado fundamental de la teoría de conjuntos: el teorema de Cantor establece que el conjunto potencia de cualquier conjunto tiene un cardinal estrictamente mayor que el del conjunto original. Así, si partimos de los números naturales, cuyo cardinal es \(\aleph_0\), obtenemos el conjunto de sus partes, \(\mathcal{P}(\mathbb{N})\), cuyo cardinal es \(2^{\aleph_0}=\mathfrak{c}\). Si repetimos este proceso, podemos construir conjuntos de cardinalidades cada vez mayores, sin alcanzar nunca un último infinito. Entre los cardinales transfinitos, uno de los casos más interesantes es la relación entre los dos primeros cardinales infinitos, \(\aleph_0\) y \(\aleph_1\), y la cardinalidad del continuo, \(\mathfrak{c}\).
Una vez demostrado que existen infinitos de tamaños distintos, surge una pregunta natural: ¿hay algún cardinal infinito entre el de los números naturales y el de los números reales? El cardinal de los naturales es \(\aleph_0\), mientras que el de los reales es \(\mathfrak{c}\). Como Cantor probó que \(\mathfrak{c}>\aleph_0\), sabemos que son distintos. Pero ¿existe algún conjunto cuyo cardinal sea estrictamente mayor que \(\aleph_0\) y estrictamente menor que \(\mathfrak{c}\)?
La hipótesis del continuo, abreviada habitualmente como HC, afirma que no existe tal cardinal. En su formulación habitual, sostiene que el cardinal del continuo es el siguiente cardinal infinito después de \(\aleph_0\); es decir,
Aquí, \(\aleph_1\) es el menor cardinal infinito estrictamente mayor que \(\aleph_0\). La hipótesis no dice que los reales sean numerables; afirma justamente que su cardinal es el siguiente cardinal infinito después del de los naturales. El nombre procede de la idea de continuo asociada a la recta real. Esta recta contiene infinitos puntos, y entre dos puntos distintos siempre hay otros puntos. Sin embargo, la densidad de los puntos no determina por sí sola su cardinal: los racionales también son densos en la recta, pero forman un conjunto numerable, mientras que los reales no lo son. La hipótesis del continuo pregunta, en definitiva, si hay un tamaño infinito intermedio entre el de los números naturales y el de la recta real.
Cantor formuló la hipótesis del continuo en el siglo XIX y trató de determinar si era verdadera. El problema adquirió una importancia especial porque afectaba a la estructura misma de los cardinales infinitos y al alcance de los métodos de la teoría de conjuntos.- Durante décadas, la cuestión permaneció abierta. En 1940, Kurt Gödel demostró que, si los axiomas habituales de la teoría de conjuntos son consistentes, también lo es su combinación con la hipótesis del continuo. En términos generales, esto significa que dichos axiomas no pueden refutar la hipótesis del continuo, suponiendo que sean consistentes.
- En 1963, Paul Cohen obtuvo el resultado complementario mediante la técnica del forcing. Demostró que, si los axiomas de Zermelo--Fraenkel con el axioma de elección (conocidos como ZFC) son consistentes, también lo es su combinación con la negación de la hipótesis del continuo.

Kurt Gödel (906–1978) y Paul Cohen (1934–2007)
Los axiomas de Zermelo-Fraenkel con el axioma de elección (ZFC) constituyen el sistema de fundamentos más utilizado en la teoría de conjuntos moderna. Establecen las reglas básicas para trabajar rigurosamente con conjuntos, incluido el axioma de elección, que permite seleccionar un elemento de cada conjunto de una familia de conjuntos no vacíos. Sin embargo, no permiten decidir todas las cuestiones matemáticas, como demuestra la independencia de la hipótesis del continuo.
En consecuencia, si ZFC es consistente, la hipótesis del continuo es independiente de esos axiomas: no puede demostrarse ni refutarse a partir de ellos. Este resultado no significa que la hipótesis sea simultáneamente verdadera y falsa dentro de una misma interpretación matemática. Significa que los axiomas considerados no determinan por sí solos su respuesta. Existen modelos de la teoría de conjuntos en los que la hipótesis se cumple y otros en los que no se cumple.
La independencia de la hipótesis del continuo ilustra un hecho profundo: incluso en matemáticas puede haber preguntas que no es posible resolver a partir de un sistema de axiomas determinado. En estos casos, la cuestión no es que el problema carezca de solución, sino que ni él ni su negación pueden demostrarse dentro del sistema. Esta situación recuerda a la del postulado de las paralelas de Euclides, cuya independencia permitió desarrollar geometrías distintas. En el caso de la hipótesis del continuo, los resultados de Kurt Gödel y Paul Cohen demostraron que, si los axiomas de Zermelo-Fraenkel con el axioma de elección (ZFC) son consistentes, ni la hipótesis ni su negación pueden demostrarse a partir de ellos. Este resultado plantea una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto los axiomas determinan nuestra concepción de los conjuntos infinitos?
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| David Hilbert (1862–1943) |
Un testimonio especialmente significativo de la defensa de esta teoría por parte de Hilbert es su célebre afirmación, pronunciada en 1925 y posteriormente difundida en la literatura matemática:
«Nadie podrá expulsarnos del paraíso que Cantor ha creado para nosotros».
El paraíso matemático de Cantor no solo amplió nuestra comprensión del infinito, sino que abrió interrogantes profundos sobre la naturaleza de los objetos matemáticos y los límites de los sistemas axiomáticos. Más de un siglo después de que Hilbert planteara el problema, la hipótesis del continuo sigue siendo uno de los ejemplos más fascinantes de cómo las matemáticas pueden revelar sus propios límites.
Lecturas complementarias:













