No hay evidencia de un empleo consciente (textos o planos) de la proporción áurea en obras de las civilizaciones anteriores a la antigua Grecia, a pesar de que aparece de forma recurrente en muchas de sus obras. Lo mas probable es que su uso fuera fruto de la intuición visual, la construcción funcional y la armonía geométrica.
El caso más debatido es la Gran Pirámide de Guiza de Egipto, ya que al dividir la apotema (altura de la cara) por la mitad de la base, el resultado es cercano a 1,618. En babilonia, el análisis en bajorrelieves y tablillas muestran dimensiones que encajan con rectángulos áureos, pero tampoco hay textos que describan dicha proporción.
El número de oro en la antigua Grecia
En la historia del pensamiento occidental, la figura de Pitágoras de Samos (c. 570 a.C. – 495 a.C.) se alza como el precursor fundamental de la relación entre las matemáticas y el cosmos. , Pitágoras estableció que el número es la esencia de todas las cosas. Para él y sus seguidores, la proporción no era un simple atributo estético, sino una ley universal que regía desde el movimiento de los astros hasta los intervalos de la música, sentando las bases de lo que siglos más tarde reconoceríamos como la sección áurea.
Para los pitagóricos, la manifestación más sagrada de esta proporción se encontraba en el pentagrama o estrella de cinco puntas, el cual adoptaron como su símbolo de identidad. En esta figura, cada intersección de líneas corta a las demás en la proporción exacta de 1.618..., revelando una geometría autosemejante que se repite infinitamente hacia el interior. Esta propiedad fractal simbolizaba para la hermandad el orden eterno y la salud, entendida esta última como el equilibrio perfecto de las partes con el todo.
Esta búsqueda de la armonía se extendió también al estudio de los sólidos platónicos, especialmente el dodecaedro. Al estar compuesto por doce caras pentagonales, este poliedro encierra en cada una de sus facetas la proporción áurea. Los pitagóricos llegaron a asociar esta figura con el "éter" o la esencia del Universo mismo, creyendo que la estructura íntima de la realidad estaba codificada bajo la proporción áurea.
Aproximadamente medio siglo después de la muerte del filósofo, durante el esplendor del período clásico, surge el gran escultor y arquitecto Fidias. Bajo el mecenazgo de Pericles, Fidias materializó las teorías matemáticas abstractas en obras tangibles de mármol. Su aplicación de proporciones armónicas en el diseño del Partenón fue tan icónica que, a inicios del siglo XX, el matemático estadounidense Mark Barr decidió bautizar al número áureo con la letra griega \(\varphi\) (phi), precisamente como un homenaje a la primera letra de su nombre en griego. Hoy en día, esta constante geométrica sigue presente en el diseño contemporáneo y la planificación urbana, demostrando que, sin importar la cultura o la época, el ser humano posee una inclinación instintiva hacia este equilibrio matemático para construir su entorno.
Aunque Fidias utilizó proporciones que hoy llamamos "áureas" en el diseño del Partenón (alrededor del 440 a.C.), lo hizo basándose en el sentido estético y la tradición geométrica de los arquitectos de su tiempo. Fue Euclides, unos 150 años después, quien le dio nombre matemático y demostró formalmente cómo calcular esa proporción.
La Proporción Áurea según Euclides
En el Libro VI, Definición 3 de sus Elementos, Euclides define lo que hoy conocemos como proporción áurea mediante el concepto de media y extrema razón:"Se dice que una línea recta ha sido cortada en media y extrema razón cuando la recta total es al segmento mayor como el segmento mayor es al menor."
Para encontrar el valor numérico del número \(\varphi= \frac{a}{b}\), en el sentido actual, partiendo de la definición de Euclides se tiene que:
Dado que una proporción de longitudes físicas debe ser positiva, se tiene que \(\displaystyle \varphi = \frac{1 + \sqrt{5}}{2}.\)
Euclides no solo calculó esto algebraicamente, sino que demostró cómo construirlo con regla y compás (Libro II, Proposición 11). Esta relación asegura que el crecimiento del segmento sea proporcional, una propiedad que se encuentra tanto en la arquitectura del Partenón como en los patrones de crecimiento de la naturaleza.
De Divina Proportione: El Vínculo entre lo Humano y lo Divino
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| Luca Pacioli (1445 - 1517) |
La principal motivación de Pacioli para escribir este tratado fue elevar el estatus de las matemáticas al nivel de las artes liberales y la teología. Pacioli argumentaba que la proporción áurea (a la que él llamó "La Divina Proporción") compartía atributos con Dios. Identificó cinco propiedades específicas que justificaban este nombre: su unicidad (como la unidad de Dios), su trinidad (al definirse por tres términos), su invariabilidad (siendo un número irracional que no cambia), su omnipresencia y su capacidad para dar forma a los cinco sólidos platónicos que componen el universo.
El objetivo práctico de la obra era proporcionar a artistas, arquitectos y escultores una base científica y estética para sus creaciones. Pacioli buscaba demostrar que la belleza no era subjetiva, sino que residía en el cumplimiento de leyes matemáticas precisas. El libro se divide en tres partes: la primera analiza la proporción áurea desde una perspectiva matemática y mística; la segunda trata sobre la arquitectura y las proporciones del cuerpo humano (influenciada por Vitruvio); y la tercera es una traducción al italiano de un tratado sobre poliedros de Piero della Francesca.
En definitiva, "De Divina Proportione" logró unificar el rigor del pensamiento medieval con la curiosidad humanista del Renacimiento, estableciendo un estándar estético que dominaría el arte occidental durante siglos y consolidando la idea de que "la naturaleza se escribe en lenguaje matemático".
Leonardo da Vinci, discípulo y colaborador de Luca Pacioli, elevó el uso de la proporción áurea de una regla matemática a una herramienta de composición sublime en la pintura. En obras maestras como La Gioconda, La Última Cena o el San Jerónimo penitente, Leonardo no se limitó a seguir esquemas rígidos, sino que integró la sección áurea de forma orgánica para guiar la mirada del espectador y dotar a sus figuras de una armonía natural y casi divina. Su dominio de permitió que la estructura interna de sus cuadros alcanzara un equilibrio visual perfecto, consolidando la idea de que la belleza pictórica es, en esencia, una manifestación del orden geométrico del universo.Tras el Renacimiento, el interés por el número áureo se desplazó desde el misticismo artístico hacia el rigor del análisis matemático y botánico. Durante los siglos XVIII y XIX, científicos como Robert Simson redescubrieron la profunda conexión entre la sucesión de Fibonacci y φ, demostrando que la razón entre términos consecutivos converge de forma exacta en este valor. A mediados del siglo XIX, el psicólogo Gustav Fechner llevó la proporción al campo de la estética experimental, intentando demostrar mediante estudios estadísticos que el ser humano posee una preferencia instintiva por las formas que respetan la sección áurea.
Ya en el siglo XX, este desarrollo matemático culminó con hallazgos fundamentales en la biología y la filotaxis. Se comprobó que la naturaleza utiliza esta constante para optimizar la disposición de hojas, pétalos y semillas, permitiendo un empaquetamiento perfecto que maximiza la exposición solar y la eficiencia. Este redescubrimiento moderno confirmó que lo que los antiguos consideraban un secreto estético era, en realidad, una eficiente ley de crecimiento universal que rige desde las galaxias hasta las estructuras microscópicas.
2. Manifestaciones en la Naturaleza
En la naturaleza, \(\varphi\) se manifiesta frecuentemente a través de la secuencia de números donde cada término es la suma de los dos anteriores, es decir la conocida sucesión de Fibonacci a la que ya hemos dedicado el post Fibonacci y el crecimiento de la población de conejos.Algunas de estas manifestaciones son:
Lectura complementaria: Fibonacci y el crecimiento de la población de conejos.






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