miércoles, 18 de febrero de 2026

Tales de Mileto, el "Padre de las Matemáticas"

Mucho antes de que existieran los libros de texto, el ingenio humano ya rastreaba respuestas en la inmensidad de las estrellas y en los misterios de la tierra. Aunque se postula que los escribas de Mesopotamia pudieron ser los pioneros en realizar las primeras demostraciones matemáticas, la ausencia de evidencias físicas relega esa posibilidad al terreno de la especulación. Por ello, para la historia oficial, la matemática como ciencia deductiva tiene un punto de partida inequívoco: el pensamiento de Tales de Mileto (c. 624 – 546 a.C.).

Nacido en Mileto —una próspera ciudad comercial en la actual costa de Turquía donde convergían las avanzadas ideas de Egipto y Babilonia—, Tales es reconocido como el primero de los Siete Sabios de Grecia. Su figura se alza como el padre de la filosofía, la astronomía y la geometría deductiva, no solo por la acumulación de datos, sino por una transformación radical en la forma de procesarlos.

Lo que verdaderamente separa a Tales de sus predecesores no es solo lo que sabía, sino cómo lo pensaba. Fue el primer hombre en la historia en abordar el conocimiento matemático con un espíritu de entendimiento, distanciándose del enfoque puramente utilitario de las civilizaciones antiguas. Para Tales, la geometría dejó de ser una simple herramienta de agrimensura para el reparto de tierras y se convirtió en una búsqueda profunda de verdades universales. Con él, el saber humano abandonó el mito para abrazar el logos, sentando las bases de la civilización occidental.

De Tales de Mileto no se conserva ningún escrito original. Todo lo que sabemos sobre su vida y su pensamiento filosófico procede de testimonios indirectos transmitidos por autores posteriores, entre ellos Aristóteles (384–322 a.C.), Heródoto (484–425 a.C.), Diógenes Laercio (c. 180–240 d.C.), especialmente en su obra Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, y Simplicio (c. 490–560 d.C.), filósofo neoplatónico que conservó en sus comentarios fragmentos y referencias a obras hoy desaparecidas.

 Eudemo de Rodas (c. 370–300 a.C.), discípulo de Aristóteles, fue autor de una Historia de la Geometría hoy perdida y está considerado uno de los primeros historiadores de la ciencia. Gran parte de lo que sabemos sobre la actividad matemática de Tales de Mileto procede de los comentarios de Proclo (412–485 d.C.) a los Elementos de Euclides. Según la opinión mayoritaria de los especialistas, Proclo se apoyó ampliamente en la obra de Eudemo al tratar los aportes de los matemáticos antiguos, conservando así valiosa información sobre los orígenes de la geometría griega.

Entre la historia y la leyenda

 Las información  que poseemos sobre la vida de Tales de Mileto proceden en gran parte de tradiciones transmitidas por autores posteriores que combinan  elementos históricos con rasgos claramente legendarios. Entre las anécdotas más conocidas figura la predicción de un eclipse solar que, según Heródoto, habría tenido lugar durante una batalla entre lidios y medos en el año 585 a.C., provocando el cese del combate. Aunque no es posible confirmar con certeza la veracidad del episodio, el relato contribuyó a consolidar su fama de sabio y observador de los fenómenos naturales.

Otra historia célebre cuenta que, absorto en la contemplación del cielo, Tales cayó en un pozo, lo que motivó la burla de una sirvienta tracia que le reprochó querer conocer las cosas del firmamento sin advertir lo que tenía ante sus pies. La anécdota, de carácter más literario que histórico, ilustra el tópico del filósofo distraído y fue utilizada para reflexionar sobre la tensión entre la vida teórica y la práctica.

También se transmite que, previendo una excelente cosecha de aceitunas, Tales arrendó con antelación las prensas de aceite de Mileto y Quíos y, cuando aumentó la demanda, obtuvo considerables beneficios al subarrendarlas.  Asimismo, se le atribuye un papel como consejero político: habría recomendado a las ciudades jonias organizarse en una confederación para fortalecer su posición frente a amenazas externas, lo que lo presenta no solo como pensador, sino también como figura activa en la vida pública.

 En cuanto a su muerte, se dice que falleció durante unos juegos gimnásticos, posiblemente a causa del calor o del agotamiento, mientras contemplaba la competición. En conjunto, estas anécdotas configuran la imagen de Tales como astrónomo, hombre práctico, consejero político y sabio paradigmático, aunque resulta difícil deslindar en ellas el núcleo histórico de la elaboración legendaria posterior. 

 La altura de la pirámide de Keops

 Se cuenta que Tales, durante sus viajes por Egipto en el siglo VI a.C., quedó maravillado ante la inmensidad de las pirámides de Guiza. Sin embargo, los sacerdotes y sabios locales no podían decirle la altura exacta de la Gran Pirámide; era una estructura demasiado masiva para ser medida con cuerdas o varas de forma directa. Tales, lejos de intimidarse, afirmó que podía determinar la altura sin necesidad de escalar un solo bloque.

La genialidad de Tales radicó en la proporcionalidad. Primero, esperó pacientemente el momento del día en que su propia sombra fuera exactamente igual a su estatura. En ese instante preciso, razonó que la sombra de la pirámide también debería ser igual a su altura real. Luego, perfeccionó el cálculo para que funcionara en cualquier momento del día mediante la semejanza de triángulos:


  1. Clavó un bastón (o usó su propio cuerpo) verticalmente en la arena.
  2. Midió la longitud de la sombra del bastón.
  3. Midió la longitud de la sombra de la pirámide (añadiendo la mitad de la longitud de la base, ya que la sombra parte desde el centro de la estructura). 

Tales comprendió que los rayos del sol inciden de forma paralela sobre la Tierra y que matemáticamente, esto crea dos triángulos rectángulos que guardan la misma proporción entre sus lados.

En efecto, si llamamos \(H\) a la altura de la pirámide y \(S\) a su sombra, y usamos un bastón de altura \(h\) con una sombra \(s\), la relación se expresa así: $$ \frac{H}{S} = \frac{h}{s}, \quad \text{y despejando la incógnita, obtuvo el resultado:} \quad H = S \cdot \frac{h}{s} .$$ 

Este suceso dio origen a lo que hoy estudiamos en las escuelas como el primer Teorema de Tales sobre la semejanza

La obra matemática

 A diferencia de los matemáticos egipcios o babilonios, que usaban las matemáticas de forma práctica (recetas para medir tierras o granos), a Tales  se le atribuye el salto al razonamiento deductivo. Se dice que fue el primero en "demostrar" mediante la lógica y no solo mediante la observación, por lo que se le considera el  Padre de las Matemáticas

  1.  El Teorema del Círculo Bisecado. "Todo diámetro biseca al círculo (lo divide en dos partes iguales)." Fue el primero en formalizar que el diámetro actúa como el eje de simetría perfecto de la circunferencia.

  2.  Ángulos de la Base en el Isósceles. "Los ángulos de la base de un triángulo isósceles son iguales." Introdujo el concepto de congruencia de ángulos basado en la igualdad de los lados.

  3.  Ángulos Opuestos por el Vértice. "Los ángulos opuestos por el vértice que se forman al cortarse dos rectas son iguales." Demostró que la relación entre líneas rectas genera valores invariantes independientemente de su inclinación.

  4.  El Teorema del Triángulo Inscrito. "Todo ángulo inscrito en una semicircunferencia es un ángulo recto ($90^\circ$)." Propiedad que conecta el diámetro de un círculo con la formación de ángulos rectos en cualquier punto de su arco.

  5.  Criterio de Congruencia. "Si dos triángulos tienen un lado y los dos ángulos adyacentes iguales, los triángulos son iguales." Base de la triangulación moderna, utilizada para medir distancias inaccesibles.

  6.  El Teorema de la Semejanza: Su legado más famoso aplicado en la medición de la Gran Pirámide de Keops, que ya hemos comentado anteriormente. Este principio permitió medir lo inconmensurable a través de lo medible.
 
En última instancia, la figura de Tales de Mileto no solo representa el origen de la matemática como ciencia, sino el nacimiento de una nueva forma de habitar el mundo: la de la curiosidad sistemática. Al medir la Gran Pirámide con la simple ayuda de un bastón y una sombra, Tales demostró que el intelecto humano es capaz de alcanzar lo inalcanzable mediante la observación y la lógica. Su legado no son solo cinco teoremas o una anécdota ingeniosa, sino la convicción de que el universo no es un caos caprichoso, sino un sistema ordenado y comprensible. Con él, la humanidad dejó de mirar al cielo y a las estructuras colosales con temor reverencial, para empezar a ver en ellos problemas que la razón, tarde o temprano, está destinada a resolver. 



martes, 17 de febrero de 2026

Los Logaritmos

 El descubrimiento de los logaritmos a principios del siglo XVII fue una de las mayores revoluciones matemáticas, ya que permitió simplificar cálculos astronómicos y de navegación extremadamente complejos al transformar multiplicaciones y divisiones en simples sumas y restas. Esta herramienta redujo drásticamente el error humano y el tiempo de trabajo de los científicos de la época, permitiendo avances fundamentales en la física y la ingeniería. En la actualidad, su importancia persiste, pues son la base para modelar fenómenos de crecimiento exponencial, medir la intensidad de los sonidos (decibelios) o la magnitud de los terremotos (escala Richter). 

En el devenir histórico de las matemáticas, este acontecimiento es la continuación cronológica inmediata del  tema que abordé en el post Prostaféresis, el eslabón olvidado. En la historia de las ciencias, existe un fenómeno fascinante donde las ideas parecen "flotar en el aire" cuando las necesidades técnicas y el rigor teórico alcanzan un punto de maduración crítica. Al igual que ocurrió con la geometría analítica (ver el post Descartes, Fermat y la Geometría Analítica ) o el desarrollo del cálculo infinitesimal (ver el post Newton, Leibniz y la invención de cálculo infinitesimal), donde mentes brillantes llegaron a conclusiones similares de forma independiente, el nacimiento de los logaritmos no fue un evento aislado, sino una respuesta inevitable a la asfixiante complejidad de los cálculos de la época. Bajo esta atmósfera de innovación simultánea, surgen las figuras de John Napier, Jobst Bürgi y Henry Briggs, tres pilares fundamentales que, desde distintos enfoques y geografías, dieron forma a esta herramienta que cambiaría para siempre el rumbo de las matemáticas y la astronomía. 

 Antecedentes 

Sin lugar a dudas, los antecedentes más directos de los logaritmos son los mismos que los que propiciaron el desarrollo de los métodos prostaferéticos, además de la complejidad intrínseca de dichos métodos. pero desde antes existían algunos otros  estudios que actuaron como premisas, de ellos los dos más significaditos son: 

1.- Aunque Arquímedes no inventó los logaritmos, sentó sus bases conceptuales en su obra titulada "El Arenario" (o El contador de arena). En este tratado, intentaba demonstrar que era posible cuantificar algo tan vasto como los granos de arena necesarios para llenar el universo. Para manejar cifras tan colosales, desarrolló un sistema de potencias de base \(10^8\) y, en el proceso, observó una propiedad fundamental que hoy representamos así:

$$ \begin{array}{|c|c|c|c|c|c|c|l|} \hline 1 & 2 & 3 & 4 & 5 & 6 & \dots & \text{logaritmos (base 10)} \\ \hline \hline 10 & 100 & 1\,000 & 10\,000 & 100\,000 & 1\,000\,000 & \dots & \text{antilogaritmos} \\ \hline \end{array} $$

Arquímedes razonó de la siguiente manera:

«Para multiplicar entre sí dos números cualesquiera de la sucesión inferior, basta con sumar los dos números de la sucesión superior situados sobre ellos. El resultado de dicha suma debe buscarse nuevamente en la sucesión superior; el número que se encuentre justo debajo, en la sucesión inferior, será el producto deseado».

En términos modernos, Arquímedes comprendió que para multiplicar, por ejemplo, \(10^2\) por \(10^3\), el resultado es simplemente \(10^{2+3} = 10^5\). Esta correspondencia entre la suma de exponentes y la multiplicación de bases constituye la esencia misma del logaritmo. Por esta razón, muchos historiadores consideran a Arquímedes el "abuelo" intelectual de John Napier, quien 1,800 años después perfeccionaría esta idea para dar vida a las tablas logarítmicas.

2.- En su obra Arithmetica integra publicada en 1544, Michael Stifel  formalizó la relación entre las progresiones aritméticas y geométricas, sentando las bases de las propiedades logarítmicas modernas:

$$ \begin{array}{|c|c|c|c|c|c|c|c|c|c|} \hline -3 & -2 & -1 & 0 & 1 & 2 & 3 & 4 & 5 & 6 \\ \hline \hline 1/8 & 1/4 & 1/2 & 1 & 2 & 4 & 8 & 16 & 32 & 64 \\ \hline \end{array} $$

Stifel fue un visionario al comprender que las operaciones de un nivel de dificultad superior en la progresión geométrica se reducen a un nivel inferior en la aritmética: la potenciación se vuelve multiplicación, y la radicación se transforma en una simple división. Fue el puente necesario para actualizar el trabajo de Arquímedes y crear las bases para el descubrimiento de los logaritmos. 

A diferencia de muchos de sus predecesores, Stifel tiene el mérito de haber extendido la progresión aritmética hacia la izquierda del cero \( (-1, -2, -3) \). Esto le permitió integrar las fracciones \( (\frac{1}{2}, \frac{1}{4}, \frac{1}{8}) \) en el sistema, un paso gigante para la época que unificaba el tratamiento de números enteros y quebrados bajo una misma regla. Describió las leyes de los exponentes 150 años antes; lo más brillante de su texto es la descripción verbal de las propiedades que hoy conocemos para los logaritmos de un producto, un cociente, una potencia o una raíz. Aunque no usó la notación moderna, Stifel llamó a los números de la fila superior "exponentes", término que acuñó él mismo y que seguimos utilizando hoy en día.

El trío de descubridores

John Napier (\(1550\)–\(1617\))
Lord escocés y teólogo, es considerado el padre principal de los logaritmos. No era un matemático de profesión, sino un inventor que buscaba desesperadamente una forma de simplificar los tediosos cálculos astronómicos y de navegación de su época. En \(1614\) publicó su obra Mirifici Logarithmorum Canonis Descriptio, donde presentó una herramienta que permitía sustituir las multiplicaciones por sumas. 
Su enfoque era cinemático, basado en la relación entre puntos que se mueven a distintas velocidades.
Jobst Bürgi (\(1552\)–\(1632\))
Relojero y fabricante de instrumentos suizo que trabajó en la corte de Rodolfo II en Praga junto a figuras como Johannes Kepler. De forma totalmente independiente a Napier, desarrolló su propio sistema de logaritmos antes de \(1610\) (aunque no lo publicó hasta \(1620\) por perfeccionismo y falta de tiempo). 
Su método era más algebraico y se basaba en progresiones geométricas, demostrando que en el siglo \(XVII\) el concepto de logaritmo era una necesidad latente en toda Europa.
Henry Briggs (\(1561\)–\(1630\))
Matemático inglés y profesor en Londres que, al leer la obra de Napier, quedó tan fascinado que viajó hasta Escocia para conocerlo. Fue Briggs quien sugirió la mejora crucial: utilizar el número \(10\) como base (logaritmos decimales) y establecer que el logaritmo de \(1\) fuera igual a \(0\). Gracias a su inmenso trabajo de cálculo manual, publicó tablas logarítmicas extremadamente precisas que se convirtieron en el estándar mundial durante siglos.

Definición cinemática de los logaritmos de Napier

Definición de Logaritmo según Napier.
Sean \(\overline{AB}\) un segmento y \(\overrightarrow{FG}\) una semirrecta. Supongamos que los carruajes \(c\) y \(p\) parten simultáneamente de \(A\) y \(F\), en dirección a \(B\) y \(G\) respectivamente, con la misma velocidad inicial. Si el carruaje \(p\) mantiene su velocidad constante durante todo el trayecto y la velocidad del carruaje \(c\) es igual a la distancia \(y = \overline{cB}\), entonces llamaremos logaritmo de \(y\) a la longitud \(x = \overline{Fp}\).

Con notación actual la solución es:

$$ \begin{array}{rcccl} \text{Vel}_c = y = -\frac{dy}{dt} & \Rightarrow & \frac{dy}{y} = -dt & \Rightarrow & \ln(y) = -t + \ln(10^7). \\ \text{VIni}_c = \text{VIni}_p = \frac{dx}{dt}=10^7 \, (\text{Napier}) & \Rightarrow & dt = 10^{-7}dx & \Rightarrow & t = 10^{-7}x. \end{array} $$

Es importante destacar que los logaritmos definidos por Napier poseían una base que, de manera intrínseca, dependía de  \(\frac{1}{e}\) . Si bien él no llegó a formalizar la constante de manera explícita, la construcción de sus tablas logró algo inédito para la época: vincular por primera vez, deforma explícita,  las progresiones aritméticas con las geométricas, transformando nuestra forma de entender el cálculo.

Etimología de la palabra logaritmo

La palabra logaritmo es un neologismo creado por el propio John Napier en el siglo XVII, y su origen es puramente griego. Napier combinó dos términos para describir exactamente qué hacían estos números:

  •     Logos (λόγος): Que en este contexto significa "proporción", "razón" o "relación".
  •     Arithmos (ἀριθμός): Que significa "número".

Por lo tanto, etimológicamente, un logaritmo es un "número de proporciones". Napier llegó a los logaritmos comparando dos progresiones: una aritmética y otra geométrica. Al darse cuenta de que podía usar los "números de la progresión aritmética" para representar los "números de la progresión geométrica" (las proporciones), acuñó el término para reflejar esa relación matemática. Antes de decidirse por "logaritmo", Napier solía llamarlos simplemente "números artificiales", para diferenciarlos de los números naturales que se usaban en los cálculos comunes. 

La regla de cálculo 

  La regla de cálculo nació en el siglo XVII como la materialización física de los cálculos con logaritmos. Poco después de que este publicara sus tablas de logaritmos en 1614, matemáticos como Edmund Gunter y William Oughtred comprendieron que, al colocar escalas logarítmicas una al lado de la otra y deslizarlas, las multiplicaciones y divisiones complejas se convertían en simples sumas y restas visuales. Este ingenioso diseño eliminó la necesidad de realizar cálculos manuales tediosos, sentando las bases de la ingeniería moderna.

Durante los siglos XIX y XX, el instrumento alcanzó su madurez técnica con la incorporación del cursor móvil por parte de Amédée Mannheim. Esta mejora permitió una precisión sin precedentes, convirtiendo a la regla de cálculo en la herramienta indispensable para la Revolución Industrial y la carrera espacial. Con ella se diseñaron desde los grandes puentes de acero hasta las misiones Apolo de la NASA, consolidándose como el símbolo de estatus y conocimiento de científicos e ingenieros en todo el mundo.

Sin embargo, su reinado de tres siglos terminó de forma abrupta en la década de 1970 con la llegada de la electrónica de bolsillo. La aparición de calculadoras como la HP-35 en 1972 ofreció una precisión digital de diez dígitos frente a los tres o cuatro de la regla analógica, además de una velocidad instantánea. Para 1980, la producción masiva de reglas de cálculo había cesado casi por completo, quedando relegadas de las mesas de diseño a las vitrinas de los museos como un testamento de la era del cálculo logarítmico manual. 

Evolución posterior

 El impacto de los logaritmos en el desarrollo de la ciencia fue inmediato y revolucionario. Tras el descubrimiento de Napier, figuras de la talla de Tycho Brahe y Johann Kepler acogieron y divulgaron rápidamente esta herramienta, permitiendo avances astronómicos sin precedentes. Esta utilidad fue tan determinante que el matemático Laplace afirmaría que los logaritmos, al acortar los cálculos laboriosos, "duplicaron la vida de los astrónomos", liberándolos de meses de aritmética tediosa para centrarse en la observación del cosmos.

Más allá de su utilidad práctica en el cálculo, la evolución teórica de este concepto alcanzó su madurez a principios del siglo XVIII gracias a Leonhard Euler. Fue él quien estableció formalmente los nexos entre la función exponencial \( a^x = b \) y su función inversa, el logaritmo \( x = \log_a b \). De este modo, lo que comenzó como un ingenioso método para simplificar operaciones se consolidó como uno de los pilares fundamentales del análisis matemático moderno, conectando para siempre las potencias con su contraparte logarítmica. 

 


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